domingo, 1 de abril de 2012

Tabernero del Infierno

"Tabernero del Infierno"

Aquí llega otro reo a bocajarro!
¡Abrid sitio (que viene que da pena)!
¡Otro ángel caído por la vena
de un corazón de plumas y de barro!
¡Eh! Aclírcate a esta mesa que es la buena.
Bienvenido, toma, prlíndete un cigarro;
aquí podrás tomar cicuta en tarro
tan mala que ni cura ni envenena

pero, mira, engrasa las fracturas
y deja un gusto a hiel que muchas veces
eclipsa los estragos que padeces
a causa de soñar tantas ternuras.
Toma un trago y escucha estas sandeces
que tengo a bien contarte si me juras
que no sabes del tipo que los curas
dicen que dividió panes y peces.

¿Tu muerte? !Al final, todas iguales¡
Ninguna duele más de diez minutos
y duele más vivir con los tributos
de matar o morir como animales.
Yo ya he muerto más veces y los frutos
prometidos se dan en matorrales;
sólo existen dos clases de mortales,
los que siempre morimos y los brutos.

De primeras, me echaron a la hoguera
los mismos que erigieran sin derecho
un altar a mis dones que, de hecho,
jamás interpretlí que los tuviera.
Y me enterraron vivo y, como techo,
pusieron una soga justiciera
de frente a mi bocado, compañera
de boca generosa y beso estrecho.

Y cuando fue mi cuerpo a las cuchillas
del mar por orden gruesa de una rata,
los mismos que abordaron mi fragata
habían prometido de rodillas
dejar la causa impía del pirata.
Y tambilín me arrancaron las costillas
por creer encontrar como polillas
una luz que al brillar casi les mata.

Ya lo ves, que la vida ni la piso
¿y ves que llore o sea desdichado?
¡No es tan malo venir al otro lado
aunque líste no sea el paraíso!
No te creas la historia del pecado,
lo que pagas aquí es el permiso
de volver a caer sin previo aviso
en los mismos errores del pasado.

Y no vengas ahora con el cuento
de si el bien o si el mal, o si pamplinas;
al infierno se viene si caminas
por las calles de Dios sin ir atento.
Lo peor es que aquí nunca terminas
de saber cuándo acaba ese tormento
de volver a vivir justo el momento
en que andabas doblando las esquinas.

Pero mira, bebamos que es la hora
de dejarnos llevar por el fracaso,
y si es otro error, en todo caso,
¿Qué nos pueden hacer, aquí y ahora,
si tenemos clavado al fuego el paso,
la sonrisa clavada en la demora,
clavada la memoria sin señora,
y el veneno clavado en nuestro vaso?

Segis.