jueves, 23 de enero de 2014

Sol Naciente




Sol Naciente


Hasta Kioto la turba agiganta el aforo
y festeja las pompas por el gran funeral
del nipón más ilustre de la estirpe real
que en Japón ha llevado la corona de oro.

La carroza traspasa el silencio del coro
con su magno quejido bajo el ceremonial,
son final del cortejo del cortejo final.
La avenida es un eco lastimero y sonoro,

y perfuman la escena con mil cestas de flores
mil muchachos que extienden un perfume sagrado.
Mientras los Samuráis le presentan honores,
queda el emperador en su fosa enterrado.

Saben que se ha extinguido su mejor dirigente
tras el brillo estelar del imperio naciente.

Capitan Acab






Metro: Alejandrinos
Rima: ABBA ABBA CDCD EE
Forma: Soneto
Ilustración: Klimt, La Bailarina





Klimt lo hizo suyo y desplegó un repertorio barroco entre figuras voluptuosas. Sus trabajos nunca dejan un punto vacío del lienzo, es el ejemplo artístico de lo que Freud describió como horror vacui.
Se acostaba con sus modelos, sus amantes se contaban por centenares  y los hijos engendrados, por docenas. Fue un hombre excesivo, en la vida y en el arte, pero Gustav Klimt (1862-1918), uno de los más grandes artistas vieneses, encarnó como nadie la transición a un nuevo estilo de vida que golpeaba en las puertas de una Europa encaminada fatalmente hacia el desastre de la II Guerra Mundial.