lunes, 28 de julio de 2014

LA GUERRA




LA GUERRA


Un resplandor arde en el cielo. Ya no se escucha el silbido de las balas ni me duele la herida de metralla que me parte el pecho. La trinchera es una pestilente tumba bajo la lluvia. Hay trozos de soldados por todas partes; manos pequeñas, miembros despedazados, torsos desnudos cubiertos de lodo... Los heridos gritan, mutilados, pidiendo ayuda, maldiciendo a Dios, a la patria, a la puta muerte.
Me acerco a un muchacho, casi un niño, para incorporarle y evitar que se ahogue con su propia sangre, pero parece no escucharme. No me ve. Mis manos lo atraviesan, como si fueran humo, mientras exhala el penúltimo estertor.
Desde la espina dorsal, que ya no tengo, siento un espantoso escalofrío. Es la guerra. Y yo estoy muerto.

Rosales



Foto:
El Guernica de Picasso