martes, 10 de febrero de 2015

Dicen que no se come su fruto quien planta una palmera


Dicen que no se come su fruto quien planta una palmera.
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Era mi pueblo tan joven,
tan joven que ni siquiera
existía un cementerio
ni sabían lo que era.
Y ya, por aquel entonces,
antes de que yo naciera,
un poeta iba cantando
las jarchas de esta manera:

-yo planté una semilla
antaño en esta vereda;
rico fruto, fresca sombra
a todos nos da la higuera.
Yo planté también antaño,
junto al río en la ribera,
un esqueje del peral
y, sentándome a su vera,
a rica sombra os invito
disfrutando cada pera.
Yo planté para el gobierno
un laurel en la ladera
y aquí tengo la corona
para el edil que la quiera.
Pero esta que hogaño planto

será una semilla huera,
no dará fresco ni sombra
hasta el día en que me muera.
Esta de herencia  os lo dejo
a la estirpe venidera-.

El trovador cayó muerto
un día de primavera;
no sabían de la muerte,
la vieron por vez primera
y mi pueblo fue a enterrarlo
a la planta de la Espera
que, después de tantos años,
maduraba linsonjera.
Hoy mi pueblo es pueblo viejo,
como otro pueblo cualquiera,
con su viejo cementerio,
con su vieja calavera,
con su jóvenes majuelos,
con sus cubas de madera,
con sus quesos y sus vinos
añejos y con solera.
Hoy mi pueblo está orgulloso
del escudo en su bandera
y los versos del juglar
a los pies de la palmera.


Capitán Acab