lunes, 30 de marzo de 2015

Ahora vendrá un poeta




Ahora vendrá un poeta
a contarnos su primer beso,
la primera vez que la vio desnuda
y lo que hizo después.
Entrará en detalles
que no nos interesan;
el suave de sus muslos blancos
como  lirios abiertos en la noche,
la redondez de sus blandos senos
como el pálpito de los topacios,
lo carnal de sus labios pecadores
como rosas algodonadas rojas
y bla, bla, bla.
Después, haciendo gala
de sus facultades,
nos pondrá imágenes
del tipo:

Ese caminar desnuda
con lujos desbordados,
flotando como un corcho sobre el agua.
Su melena de oro al viento
por las hileras de los astros,
sus dos pechos orondos
inundados de luna,
y la mirada azul
de pupilas luminosas
con el sabor de su piel
en el entorno añil,
haciendo brillar
sus dos sonrisas:
la roja y la negra
con pomadas de albura
de cara al porvenir.

Yo, que no soy poeta,
os diría que el primer beso
no lo di. Me lo dieron
sin tiempo ni para cerrar los ojos.
Os diría que desnuda no la vi,
ella sabrá por qué.
Y, en cuanto a lo que hice después,
eso lo tuvo que terminar otro tipo
varios años más tarde,
según me confesó ella misma.
A ver cómo cuentas esto
en un poema.
Así es
imposible.

Capitán Acab






Versos Libres
Ilustración: friedrich-el-viajero-contemplando-el-mar-de-nubes-1818

El caminante sobre el mar de nubes es una de las pinturas más afamadas del artista Casper David Friedrich que dió a conocer en 1818. La conjugación de dos de los elementos más importantes para Friedrich es lo que destaca esta pintura: el humano y la naturaleza. Vemos al hombre en una postura firme y dominante al estar en la cima de la montaña, donde pocos llegan. Esto puede ser un símbolo de triunfo, más al tener un bastón de ayuda, lo que significa que le fue difícil llegar ahí. A pesar de las dificultades del camino, el hombre ha dominado el mundo terrenal y ahora admira la eternidad ante sus ojos.