jueves, 9 de abril de 2015

Infinita




Infinita

Veo ángeles, luz, arena, playa
y un caudal de dulzura inflama el agua.
Veo en el abdomen de la umbría
un perro labrador color canela,
un columpio
y una pradera irreal.
Soy mitad celestial, mitad humana,
doloroso placer y dulce sal
tras el árbol que inclina su hermosura
de cascabeles dorados.
El horizonte clava sus últimos
rayos de sol
sobre la tierra
y me dedica una sonrisa
con sus púrpuras labios de algodón,
con su boca de añil melocotón,
cuando el crepúsculo besa la montaña.
No vengáis a por mí, que estoy ausente.
Ausente de la vida y de mí misma.
Dejad que me alimente
de otra dimensión.
Dejad que me escabulla
del ruido de la gente,
pues solo en el silencio
de la meditación
el cielo le susurra al corazón.

Rosales



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