martes, 23 de febrero de 2016

Un Triste Perro



Un Triste Perro

El que apretaba mi mano
al salir del colegio
y me leía cuentos para dormir
era mi padre.

El que desapareció
una fría mañana de enero
bajo la lluvia
era mi padre.

El que sucumbió en la ruina
tras la crisis económica
que azotó Europa
era mi padre.

Aquel que dormía,
unas veces al raso
y otras en cualquier albergue apocalíptico,
era mi padre.

Me avisaron a las seis de la mañana
por una urgencia
para salir con la UVI móvil
hacia un cajero automático de la Plaza de España
y, el vagabundo que ardía en el interior
sin más compañía que la soledad del fracaso
y un triste perro,
también era mi padre.


Rosales