martes, 29 de marzo de 2016

Dr. Jekyll y Mr. Hyde





Dr. Jekyll y Mr. Hyde



Siento temor del halo del espejo
donde lucha el delirio repugnante
por salir de mi fase pendulante
al romper el cristal con su reflejo.

La dualidad transforma la hendidura
de la médula atroz en la que habita
la sustancia neurótica y maldita
cuando inyecta en mi carne la locura.

Pugna el hostil sudor de los dolores
con mi lado de efímera bondad
y me vence la oscura realidad
de la bestia interior de los horrores.

Soy el hedor de necia carcajada,
atrapado en el ábside asesino
de la excéntrica espera del destino
en la fragua demente de la nada.

Cual desnudo adalid del Mal, proclamo
mi fatal y canalla tiranía,
me aferro al precipicio, sangro, clamo
y a Satanás le rindo pleitesía.

Esculpo en toda carne la violencia
de mis huesos quebrados y sufrientes,
aborto con mis garras su existencia,
bebo las sangres tiernas y calientes.

Abrazo la locura, el precipicio
y la lujuria sórdida profeso,
me entrego a la hecatombe de ese vicio
y saludo a la Parca con un beso.

Escupo una poesía traicionera
de orate y guardo el cielo en mi capuz,
mi aliento sanguinario es la pulsera
que estrangula con vanidad La Cruz.

La Bondad que me habita me incomoda,
el traslúcido velo de lo oscuro
mi aprecio por la vida vuelve impuro
y entona el dulce abismo su cruel oda.

La celestial condena en este lecho
de carne, con arteria compasiva
vuelve mi luz errática y esquiva,
aniquila mi fuerza y mi derecho.

Ese fresco rumor de rabia muda,
la tentación letal del sinsentido
estremece mi sádico latido
y mi vértice atávico desnuda.

Y muto al fin, libero mi sustancia
inyectándome suero venenoso,
y despierto a ese monstruo lujurioso
ávido de locura y nigromancia.

Me corrompe el odioso combustible
que fluye en el veneno coronario
y me torna en el ente impredecible
con la sed de un extremo sanguinario.
La Maldad es mi diosa y mi maestra
cuando afloran mis genes purulentos
a través de la fístula siniestra
donde brotan mis actos virulentos.
Acorralo a la sombra abandonada
en el ángulo opaco y tremebundo
y la mata mi furia despiadada
tras el cínico ardor del inframundo.
Siento un hosco desprecio por la vida
porque mi lado oculto me convierte
en la fuerza satánica podrida
de la perpetua cara de la muerte.


Marisa Lozano Fuego y Rosales






Forma: Cuartetos / Serventesios
Rima: Consonante
Metro: Endecasilabo