domingo, 16 de octubre de 2016

La esposa del bellaco




La esposa del bellaco


Érase una modesta pastorcilla
que vivía en un reino muy lejano
donde la luna iluminaba el día
y despertaba el sol en el ocaso.

Disfrutaba el regalo de las vistas
al cuidar las ovejas en el campo,
pero, de pronto, se giró deprisa,
pues llegaron tres hombres a caballo.

A la fuerza, llevaron a la chica
hasta la corte del "Castillo Blanco";
no le gustó el asunto ni una pizca
ni atinó a resistirse a los extraños.

El príncipe, con granos y barriga,
sabía de la fama de su encanto
y quería el infame convertirla
en princesa y gozar de sus abrazos.

Reaccionó la valerosa niña
suplicando ante el trono hacer un pacto:
-llevaré con orgullo sus insignias
y, si gana un torneo, nos casamos.

Se batirá por mí y por mi familia
un ilustre guerrero de alto rango.
Si le arranca la sangre de las tripas,
seré suya por tiempo ilimitado-.

No tenía aquel duelo buena pinta,
jaleaba el aforo con aplausos.
El príncipe luchaba con inquina
cuando el otro le dijo:-¡que te matoooo!-.

El caballero del secreto enigma
atravesó al maléfico adversario,
y celebró el soldado la alta dicha
de salir victorioso de milagro.

Se descubrió por fin la faz tranquila
la joven que fingió ser un muchacho.
Ella ganó el combate de su vida
para no ser la esposa del bellaco.
.

FIN


Rosales