jueves, 15 de diciembre de 2016

Y llueve por inercia




Y llueve por inercia
.
Las siete de la tarde.
Y llueve y llueve y llueve
mientras escucho la voz del televisor
con sus discursos devastadores.
Es extraño,
siempre ha sido extraño,
que me acomode a este entorno
de patética tristeza
o que mi estado de ánimo
esté más acorde
con el gélido viento y la neblina
que con el insultante ruido del verano.
Como si un antipático día se alargara
y viviera siempre el mismo,
como si el origen de la melancolía
se hubiera gestado en el útero materno,
esta terca soledad que llevo pegada a la médula
me recluye en las antípodas,
en una hermética burbuja gris,
por empirismo vital,
al reincidir con tesón en las mismas pautas.
No había nada atrás
ni más allá tampoco,
solo la desagradable certidumbre
de que el corazón resiste por inercia.
.
Rosales