A Cupido, en su peligroso oficio
Cupido lamentó su poco acierto,
pues hirióle una flecha que, traidora,
rebotó en el trasero de Pandora
y a Eros, pobrecillo, dejó tuerto.
Se aprovechó sin más del desconcierto
la tía lujuriosa y pecadora,
abusó del caído, y es tan cierto
que el angelito un parche lleva ahora.
Afrodita, venganza yo te pido:
aléjale el orgasmo cada día
y búscale a uno feo de marido.
Que ostente la belleza de una arpía
hasta que tu pobre hijo, malherido,
vuelva al tajo con toda su alegría.
Capitán Acab

Déjale por una temporada en el dique seco... Y no seas tan duro, ¡mira que lo que pides! Como siempre para mi es un placer leer tus sonetos a pesar de tu maldad.
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