Secruestro
Éramos tres voluntarios de viaje,
los cooperantes por lomas inciertas.
Yo conducía observando el paisaje
sin vigilancia en las rutas desiertas.
Pronto advertimos arder el follaje,
y nos rodean, las puertas abiertas,
en frente nuestra un comando salvaje
que nos retuvo con caras cubiertas.
Vamos andando con ellos, malditos,
cerca del norte en la costa de Nagua
y al caminar nos insultan a gritos.
Nos abandonan al lado del agua
mientras se alejan escupen hostiles,
hombres cobardes que empuñan fusiles.
Rosales

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