La pesadilla
Sola en la cama esperaba
a mi marido con miedo
porque a clavarme venía
una arma blanca de acero.
Era un sueño y me dormí,
cuando me hallaba durmiendo.
Creí despertar de noche
y encontrarlo en nuestro lecho
con un cuchillo en las manos,
mi sangre estaba en su cuerpo
y la suya, congelada
por darle muerte a mi aliento.
Desde mi ser más profundo,
salieron todos mis huesos
y formaron en el aire
un ingrávido esqueleto
que se mofaba de mí
como un presagio siniestro.
Rosales

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