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martes, 1 de diciembre de 2015

Querida alma gemela




Carta Epistolar



Querida alma gemela:

Espero que al recibir esta carta sigas siendo tan magnética como yo te recuerdo y como yo te quise. No sabes con cuánta pena hube de separarme de ti ni lo que tus lágrimas me han frenado para avanzar en esta etérea dimensión. No temas nada, todo está bien. Aún recuerdo la oposición de algunos seres queridos a nuestra sorprendente relación. Aquel infierno hizo que me volviera inestable, extraña y tremendamente frágil, hasta el punto de provocarme la dolencia que me llevó al final. Tú siempre fuiste más fuerte, más valiente y pudiste con todo el peso del asfixiante entorno. Todo está bien, no temas nada. Sigue siendo el espejo en el que yo me miraba con orgullo. ¡Ríe, llora, grita y vive! Y no te apures en venir pronto a mi lado, que aquí el tiempo es solo un suspiro y yo te espero en algún punto de la eternidad.

Con todo mi amor.
Tu mujer


Rosales





Forma: Prosa
Imagen:
André Derain

martes, 24 de noviembre de 2015

Se llamaba Helena, con h



Se llamaba Helena, con h, y su apellido era Lee.Tenía unos 27 años y decía ser la hija de una bailarina griega y un "gentleman" londinense.
Se ganaba la vida dando clases de inglés en una pequeña academia del centro de Madrid y todo lo que tenía que ver con ella estaba cubierto por un halo de misterio.
Escandalosamente bella, se rumoreaba que en realidad usaba el recinto de tapadera para atrapar a sus víctimas porque, en los últimos días, habían sido denunciadas las desapariciones de dos de sus alumnos varones, blancos y buenos estudiantes de la lengua extrajera.
Los familiares, angustiados por tanta ausencia, exigieron a la policía que abriera una investigación sobre el extraño caso.
Mateo, agente con quince años de experiencia y nervios de acero, se personó en el domicilio de la "teacher" con la intención de esclarecer el asunto.
Le abrió la puerta una extraordinaria criatura que lo invitó a pasar mientras el hombre sentía que le flaqueaban las piernas.
¡Dios!, ¡qué mujer! ¡Y con qué endemoniada perfección parecía flotar sobre el suelo!
La intranquilidad de Mateo fue en aumento cuando ella no se dignó a responder a ninguna de sus preguntas. Se limitó a mirarle con desdén, a jugar con su pelo, a cruzarse de piernas...
Los vecinos oyeron gritos, súplicas y golpes. Y luego silencio. Solo silencio.
Vinieron, más tarde, otros agentes a registrar la casa. Ella sostuvo, en el interrogatorio, que Mateo salió por su propio pie después de haber anotado amablemente su respuestas y que, además, le había parecido un hombre encantador.
No se pudo demostrar nada. Nada en absoluto.
Helena sigue dando clases de inglés. De vez en cuando, le viene a la boca el sabor de sus alumnos, y de Mateo aún queda en el hogar el delicioso olor de su carne cocinada...


Rosales

jueves, 8 de octubre de 2015

DE FUEGO




DE FUEGO

Llevaba huyendo tres días y tres noches, y se había perdido en ese bosque oscuro y tenebroso donde las ramas de los árboles parecían cobrar vida entre las sombras.
¡Dios, qué asco! ¡Qué maldito estigma le había abocado a tener que pasar su penoso existir como un eterno fugitivo a causa de una mancha de nacimiento en al ángulo derecho del abdomen!
Él se sentía un muchacho normal, sin las capacidades extrasensoriales que le atribuían las antiguas profecías. Un nómada solitario, acostumbrado a esconderse de los soldados del reino y de cualquier hálito humano que le pudiera suponer una amenaza.
Apenas llevaba ropa y tenía varias cicatrices sobre el pecho jadeante, sudoroso y adornado por un abundante y larguísmo cabello castaño que le daba el aspecto de un salvaje.
Dormía, cada ocaso, sobre un lecho de hojas secas sin más abrigo que la luz de las estrellas y se alimentaba de frutas silvestres y animalillos que apenas saciaban su hambre.
¡Dios, qué asco! ¿Dónde estará el mullido regazo de su madre? ¿Dónde, aquellos ojos claros en los que se hubiera perdido para siempre?
Muertos, todos muertos, como todo aquél que se le aproximaba.
De pronto, a lo lejos, oyó el frenético galope de los caballos y el ladrido de la jauría de los perros. Los esbirros del rey lo habían encontrado.
Era cuestión de tiempo que le dieran caza....,de muy poco tiempo....
Frente a él, un ejército de hombres le cerraba el paso. Sentía el golpe de la sangre en la boca, le hervían los huesos y una furia desconocida hasta entonces iluminaba sus ardientes pupilas. No había escapatoria, era el final.
Y, cuando estaba atrapado en la red que le habían tendido alrededor de su musculoso cuerpo, el joven se hizo un ovillo y cerró los ojos unos segundos hasta que toda su piel ardió formando una sobrecogedora hoguera infernal que produjo una combustión expontánea y completa.
No quedó nada, nada más que una mancha negra sobre el suelo y un arcoiris gigante en la mitad del cielo.
La luz resplandeció, por fin, sobre la faz de la tierra y la profecía...se había cumplido.

Rosales

miércoles, 25 de febrero de 2015

¿Qué hago yo aquí?



¿Qué hago yo aquí?


Soy única. Lo sé. Siempre lo supe.
Observo desde niña los dos mundos idénticos que orbitan alrededor de nuestro Sol; las esferas iguales en las que habitan, como dos gotas de agua, las dos caras de los seres humanos: el bien y el mal.
Yo vivo en el mundo de los buenos y no tengo réplica alguna en el lado de los hostiles.
Cuando era pequeña, me sentía confusa al ver cómo los silenciosos, los cándidos y trabajadores de mis vecinos, obedecían ciegamente las órdenes telepáticas de sus malvados gemelos, que solo actuaban bajo el impulso del egoísmo y la crueldad sin límites.
Mi comportamiento rebelde y atípico llamó tanto la atención que pronto la cúpula del gobierno me separó de mi familia para darme una educación militar.
Yo era diferente. Inmune.
Nunca pertenecería del todo a este planeta sumiso.
Era...la última esperanza.
Las autoridades llevan mucho tiempo esperando el momento de combatir a los manipuladores y al fin han formado un ejército sanginario capaz de vencer al enemigo.
Mi destino es viajar hasta ellos para fulminarlos y restablecer el orden en la Tierra.
Y aquí estoy, con un traje brillante de no sé qué, incombustible y resistente, a punto de tomar el mando de mi nave espacial.
Han puesto a mi disposición un escuadrón de kamikazes, entrenados para aniquilar cualquier rastro de vida al otro lado.
Pero...¿qué hago yo aquí?
¿Qué mierda es esa de que soy " la elegida"?
Me han adiestrado toda la vida en el arte de la guerra, aunque, francamente, no me siento una asesina.

-Comandante, todo va según el plan previsto. Despegaremos en cuanto lo ordene.
-Muy bien... 3, 2, 1....
Tenemos una misión- joder-.
A por ellos.

Rosales