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domingo, 17 de septiembre de 2017

El guerrero del tiempo 






El guerrero del tiempo


En la inhóspita tierra de las brujas malvadas,
se refugia en el bosque la menor de las hadas
tras haber escapado del extremo terror.
Sus hermanas cayeron bajo el necio conjuro
de las tres innombrables que gobiernan lo oscuro,
pues les sirven de esclavas con devoto rigor. 

Cuando el hada se posa bajo el sauce del río,
alimenta la angustia de su pecho sombrío
donde añora a la turba del calor familiar.
Con el alma en un puño, mira al cielo y suspira,
a pesar de la magia, le parece mentira
que el fracaso en sus alas le permita volar.

La visión del sonido la mantiene en alerta
y descubre una sombra tras la escena desierta,
bajo el limbo estrellado que le ofrece la luz.
Se aproxima al humano mientras alza su ruego
porque ve que la busca con los ojos de fuego
a través de la seda de su negro capuz.

Más allá de asustarse de la torva presencia,
puede oír la verdad de su espléndida esencia
y confía en la ayuda que le presta por fin.
Ha venido al pasado para entrar en combate,
para hundir a las brujas del feroz disparate
y poder, tras la lucha, restaurar su jardín.

Al guerrero del tiempo le acompaña la suerte,
la victoria le gana la partida a la muerte
y a las brujas las mata con sus armas de hiel.
Tras la inquieta penumbra de las magas odiosas,
el antiguo equilibrio se derrama en las rosas
y el jardín de las hadas resplandece por él.


Rosales

jueves, 1 de diciembre de 2016

Alas de fuego



Alas de fuego

Por las ásperas cumbres del lejano Himalaya,
se adivina el tejido de la cota de malla
del ilustre guerrero de la fiera legión.
Le acompañan mil fieles en el gélido trecho
a luchar contra el reino del amor de su pecho,
pues la joven princesa le rompió el corazón.

Ha cruzado la estepa desde Europa hasta Oriente
custodiado por hombres de la estirpe valiente
que se enfrenta sin miedo al destino final.
Encamina el acero de su noble armadura
hacia el épico trance de la muerte segura
mientras oye los ecos del augurio letal.

La princesa malvada de las alas de fuego
quiere verlo abatido cuando acaben el juego
y prepara sus huestes para el turbio festín.
Ha sembrado con armas el bastión de su corte
porque nunca ha querido ser su esposa consorte
y prefiere los brazos de un siniestro Delfín.

Ella tiene las llamas del infierno en los ojos,
mira al príncipe osado con sus pétalos rojos
y sentencia el encuentro tras palabras de hiel.
Él sucumbe ante el gesto de su enorme belleza
y se ofrece a la muerte por perder la cabeza
cuando intuye en las sombras una daga en la piel.

Bajo el pérfido aliento de la aurora plomiza,
se fragmenta en el suelo de cristal y ceniza
el valor del escudo de la excelsa virtud.
¡No la temen las tropas! ¡No se acaba la guerra!
Volverán los combates a la inhóspita tierra
por vengar la memoria del amado ataúd.


Rosales 




Forma: Sonatina
Metro: Alejandrino
Rima: AAB´CCB´

martes, 16 de agosto de 2016

Corazón de Magnolia



Corazón de Magnolia


Bajo el coro celeste que ilumina Anatolia,
languidece una joven con la tez de magnolia
mientras trina a lo lejos un alado cantor.
El ocaso corona la emergente tristeza
tras los púrpuras halos de infinita belleza
cuando evoca a su amado y se muere de amor.

Ella espera el regreso del fornido guerrero,
el valiente soldado y el escudo más fiero,
que se enfrenta a las sombras al luchar contra el mal.
Si le inquieta la bruma del lamento profundo
por los signos oscuros que amenazan el mundo,
se fractura su dulce corazón de cristal.

Entretiene los miedos con los cisnes del lago
o procura el consejo de la magia del mago
donde flota el castillo sobre el plácido azul.
El futuro estremece la incansable esperanza
porque el velo dañino del pronóstico avanza
y confina los sueños a su negro baúl.

Han pactado los hombres con gigantes dragones
y se cuentan por miles las sonoras legiones
que calcinan la espada del malvado confín.
El augurio siniestro en triunfal se convierte,
pues se dejan el alma en combates a muerte
los colosos de fuego cuando vencen al fin.

El ejército vuelve tras la noble victoria
y perfuma los ojos con la flor de la gloria
aunque queden las huellas del dolor en su piel.
Los amados se encuentran cuando acaba el festejo
y se abraza en las aguas el triunfante reflejo
de la dama y el joven del airoso laurel.


Rosales




Forma: Sonatína
Rima: AAÉCCÉ
Metro: Alejandríno

jueves, 21 de enero de 2016

La Espada del Mal




La Espada del Mal


El jardín de los lirios donde duermo segura
tiene fuentes doradas en la hermosa espesura
y relumbra el paraje del rubor celestial.
A pesar de la imagen de exultante belleza,
siempre sopla una brisa con perpetua tristeza
y vigila en la puerta el Arcángel del Mal.

Tras la estatua de mármol que protege el palacio,
unos ínfimos duendes me susurran despacio
que el jardín es reflejo de mi propia ilusión.
Cuando escucho de fondo la corriente de plata,
se confunde en el verde mi vestido escarlata
mientras flotan las nubes de sutil algodón.

Y si tocan de noche las campanas del cielo,
se despegan las sombras de mis huellas del suelo
y los árboles visten su corteza de piel.
El festejo nocturno del crepúsculo malva,
desde el prístino ocaso hasta el rayo del alba,
alimenta la tierra con estrellas de miel.

Quiero ser jardinera del vergel de los lirios
porque crecen las flores de mis gratos delirios
donde habitan los elfos y el guerrero feroz.
Mi corona es el tiempo de las horas ociosas
que procuro al cuidado de las frágiles rosas
o mirando la lluvia que me canta sin voz.

Mientras tanto, en el muro, se impacienta la muerte
y me espera el acero de la espada más fuerte
a que cruce la puerta de mi dulce pensil.
No me turban sus ojos ni su cuerpo sin alma
ni sus negros designios me quebrantan la calma
ni me inquietan los gestos de su faz de marfil.

Un dragón me protege de los malos momentos
y volamos los dos a través de los vientos
o adornamos el aire con estelas en cruz.
Tras la estatua gigante, nos animan las hadas
y nos tienden el roce de sus manos amadas
cuando mecen las curvas de sus alas de luz.

El jardín de los sueños es un canto a la vida,
el alegre vergel de bondad desmedida
donde el mal palidece si se encuentra ante el bien.
La Maldad me persigue más allá de la hierba
para hacerme algún día la fatídica sierva
que se lleve al infierno y la adore también.

El jardín de los lirios me resguarda de todo,
en su mágico entorno de ilusión, me acomodo
y me alienta el suspiro que perfuma la flor.
Que me espere la espada de la mala fortuna,
ornamenta mi frente el ardor de la luna
e ilumina mi pecho con sus llamas de amor.




Rosales







Forma: Sonatina
Metro: Alejandrinos
Rima: AAÉBBÉ